El término jubilación proviene del latín iubilare (gritar de alegría)

La jubilación puede ser definida como una transición que implica el abandono del rol laboral.

Es una etapa relacionada con el descanso y la plenitud. Es el momento de dejar de tener esa rutina diaria que se ha tenido durante tantos años y, de un día para el otro, pasar a disponer de gran cantidad de tiempo libre.

Tenemos que comprender que es un cambio vital, y como tal, conlleva un periodo de adaptación que durará algún tiempo.

 

¿Cuál es el impacto emocional de la jubilación?

Para algunos, esta etapa significa el inicio de nuevas oportunidades, tanto de aprendizaje como de tiempo de ocio y descanso. Otros, sin embargo, lo relacionan con el final de la vida y lo viven como un auténtico drama.

Es una de las etapas de la vida que, si no son bien gestionadas en sus inicios, pueden producir algunas formas de malestar o incluso una verdadera crisis vital.

 

Factores de riesgo.

Según algunos estudios realizados, existen diferentes variables que pueden aumentar la probabilidad de presentar una mala adaptación a la jubilación:

  • Falta de proyectos personales y de tareas en las que ocupar el tiempo.
  • Una jubilación anticipada o forzada.
  • La presencia de estresores diversos, tales como problemas de salud, económicos, familiares, etc.
  • Tener una baja red de apoyo social, así como no tener pareja.
  • Tener un bajo nivel educativo.

 

El síndrome del abuelo esclavo.

Es en esta etapa donde muchas personas se vuelcan a cuidar a la familia. Se ofrecen para ayudar a sus hijos y a sus nietos.

Se le ha denominado “el síndrome del abuelo esclavo” a aquella situación en la que los abuelos dedican la gran parte de su día a sus hijos y nietos, estando a expensas de los horarios, necesidades y obligaciones de sus familiares.  Trayéndoles consecuencias como falta de tiempo para sus actividades, amigos, intereses e incluso afectando su salud física y emocional.

Tengo pacientes que describen así su día:

¨Todos los días llevo y recojo a mis nietos del colegio. Me encargo de su merienda, los llevo a las actividades extraescolares, juego con ellos y les ayudo con los deberes. A veces me toca ducharlos. ¡Quedo agotado!”

Cuidar, jugar y compartir tiempo con los nietos es un placer, una alegría. Pero hay que tener claro que la educación de los hijos es responsabilidad de los padres. Ayudar, sí, pero en la justa medida. Ayudemos cuando sea necesario, pero intentemos no caer en la dinámica de que te veas volcado 100% al cuidado de tus nietos, olvidándote de tu propia vida y sin tener el tiempo ni la libertad para hacer tus cosas y lo que te apetece. No tienes por qué estar siempre disponible.

Cuidar a los nietos puede ser un placer, pero también puede convertirse en una obligación diaria que afecte a la salud física y emocional. De hecho, los psicólogos y geriatras estamos viendo cada vez más casos en consulta de personas mayores que sufren agotamiento, estrés y ansiedad que puede acabar derivando incluso en depresión.

 

Consejos sobre cómo adaptarse a la jubilación

La jubilación implica el cese del trabajo pero no de toda actividad.

Sería ideal llevar a cabo este cambio de vida de una manera progresiva siempre que esto sea posible. Es recomendable tener bien planificada la jubilación, ya que nos adaptamos mejor a aquello que esperamos que suceda.

Enfocarse en nuevas actividades e intereses una vez que se deja de trabajar son aspectos que formarán parte de la estabilidad y felicidad en la edad de la jubilación.

Debemos tener en cuenta que encontrar la satisfacción en esta etapa no consiste simplemente en modificar nuestras actitudes, costumbres y creencias; en definitiva, no depende solo de si nos transformamos psicológicamente. Depende también de los recursos a los que tenemos acceso.

 

Algunos tips:

. Ponte horarios. Organiza tu día, las tareas diarias, las citas… Tal vez puedes hacer como bloques. Por la mañana: compras, recados, citas. Por la tarde: actividad física, ocio, relax…

. Aprende cosas nuevas: realiza un curso de Internet, de bailes de salón, de pintura, de cerámica…

. Apúntate a una ONG como voluntario. Sentirse útil y ayudar a los demás es muy satisfactorio.

. Mantén tus redes sociales y familiares. Aprovecha para estar más cerca de tus hijos, de tus nietos, llama a aquel sobrino del que hace mucho que no tienes noticias…

Reúnete con tus amigos para un café, una excursión, ir al cine o a una exposición.

Los centros cívicos propician el lazo social y la realización de actividades.

. Hacer ejercicio es fundamental para evitar los problemas de salud que se inician en esta etapa.

. Come sano. Una dieta baja en azúcares y grasas te hará sentirte con más energía para enfrentar el día a día.

 

¿Qué pasa si no se encuentran las fuerzas para realizar actividades y te sientes deprimido?

En este caso sería muy importante consultar a un psicólogo para que los ayude a recuperar el ánimo de disfrutar de la vida.

Un profesional nos puede acompañar y guiar para gestionar los escollos que esta etapa crucial de la existencia a veces pone en nuestro camino.

 

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