En las últimas semanas se han difundido en los medios una alarmante cantidad de noticias de comportamientos violentos cuyos protagonistas han sido adolescentes e, incluso, niños. Esto ha generado gran preocupación a padres, educadores y sociedad en general.

¿A qué llamamos comportamientos violentos?

La OMS define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

¿A qué edad comienza un niño a manifestar comportamientos violentos?

Los niños pueden demostrar un comportamiento violento desde muy pequeños, incluso antes de ingresar en la escuela primaria. Cuando un niño hace uso de la violencia, en cualquiera de sus formas, se nos deben encender todas las alarmas. Hay que tomar muy en serio el comportamiento violento de un niño, sin importar su edad.

Como ya lo explica la definición de la OMS, estas conductas en niños y adolescentes pueden ser de lo más variadas. Desde los típicos arrebatos de ira, gritos, amenazas, peleas entre niños… hasta bullying, actos vandálicos, pensamientos homicidas, crueldad hacia los animales, uso de armas de fuego, violaciones, asesinatos…

¿Cuáles son las causas de estas conductas?

A veces los comportamientos violentos pueden aparecer como una manera de expresar las emociones ante una incapacidad para gestionarlas adecuadamente. Este malestar emocional puede ser resultado de algún cambio a nivel familiar o en el centro educativo.

Sin embargo, pueden presentarse también a causa de otros factores tales como:

  • Pertenecer a familias desestructuradas con ausencia de límites.
  • Ser, o haber sido, víctima de abusos psicológicos, físicos, sexuales.
  • Rechazo o aislamiento social.
  • Uso y abuso de drogas, alcohol y/o tabaco.
  • Familiaridad con el uso de armas (tanto armas blancas como armas de fuego)
  • Exposición a la violencia en TV, series, videojuegos.
  • Padecer enfermedades psíquicas o físicas pueden desencadenar en conductas agresivas (depresión, esquizofrenia, epilepsia, retraso mental, etc.)
  • Problemas de aprendizaje.

¿Cómo actuar ante un niño o adolescente que presenta comportamientos violentos?

Hay diversos estudios de investigación que demuestran que gran parte de estos comportamientos pueden reducirse, o impedirse, si se reducen o eliminan los factores de riesgo.

  • No permitir las conductas inadecuadas ya desde la primera infancia. Explicar que ese tipo de conductas no deben realizarse, enseñarles a pensar en cómo se siente la otra persona (empatía) y mostrarles una alternativa, por ejemplo, que expresen que están tristes, enfadados…
  • Evitar los comportamientos agresivos en familia. Nunca recurrir a la violencia física ni psicológica. Cuando como padres perdemos el control estamos enseñando a resolver los conflictos con violencia. La violencia genera violencia. Los niños aprenden con el ejemplo.
  • Poner reglas (horarios, responsabilidades…) y límites claros, con las que ambos padres estén de acuerdo y hagan cumplirlos obligatoriamente.
  • Fomentar los espacios en familia, compartiendo momentos de ocio y entretenimiento, actividades lúdicas y/o deportivas, comidas y cenas en familia…
  • Enseñar a nuestros niños a expresar y gestionar las emociones negativas (tristeza, ira, celos, frustración…) de una manera adecuada. Que aprendan a verbalizar lo que sienten.
  • Una buena comunicación con nuestros pequeños es importantísima. Posibilitar espacios de diálogo donde se sientan cómodos, a gusto y puedan expresar sus emociones, tanto positivas como negativas, sin temor a ser juzgados ni reprimidos.
  • Controlar el contenido consumido tanto en TV como en redes sociales y videojuegos.
  • Enseñar la importancia de las amistades y ayudarlos a establecer lazos sociales. Los deportes en equipo son una buena herramienta. Entrenarlos en habilidades sociales supone prevenir graves problemas personales y sociales futuros, como así también prevenir la violencia y sus consecuencias.

¿Qué pasa si, como padres, no logramos erradicar estos comportamientos?

En algunas ocasiones la situación está totalmente fuera de control, y se ha perdido todo respeto hacia los padres, los educadores, las figuras de autoridad… el adolescente tiene comportamientos muy violentos llegando incluso a hacerse daño a sí mismo, a otros, o realiza actos de vandalismo.

En estos casos será necesario pedir ayuda profesional. Seguramente, en un primer momento, el adolescente no querrá acudir al profesional por lo que serán los padres los que tendrán que asistir para recibir orientación acerca de cómo gestionar la situación, qué medidas adoptar, qué pautas seguir…

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