Ante una situación de estudio o prueba de evaluación es muy importante que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿cómo me siento?, es decir, como persona, ¿en qué disposición estoy en estos momentos?

Nuestras emociones tendrán un papel muy importante en el proceso de estudio y éstas vendrán precedidas por la interpretación que hagamos de las diferentes situaciones que se nos presenten, de acuerdo con ello, la emoción será positiva o negativa.

Además, la valoración que hagamos puede ser irrelevante, si no tiene ninguna implicación para la persona; beneficiosa, si nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, o estresante, si nos produce sensación de daño, amenaza o desafío. Por este motivo es muy importante la interpretación que hagamos de las situaciones. La misma estará influenciada por el sistema cognitivo de la persona; es decir, por los históricos, tanto individuales (personales) como colectivos (sociales). Esto no es otra cosa que las experiencias vividas. Pero la interpretación se verá influenciada, además, por las actitudes, normas y valores de nuestra vida.

Hoy en día sabemos que para alcanzar el desempeño óptimo en cualquier tarea (éxito) intervienen, por un lado, las capacidades de la persona (“poder hacer”) pero también el tener la disposición o motivación para desempeñar la tarea (“querer hacer”). Así, es importante diferenciar entre los rasgos cognitivos y los rasgos afectivos, que son los vinculados a las expectativas y motivaciones.

El estado emocional afectará a cualquier tarea, por tanto, si creo que me irá bien es más probable que realice la tarea con éxito y, a su vez, si tengo un resultado positivo esto me predispone a favor de seguir hacia delante.

Es importante mencionar que las emociones son un arma de doble filo, es decir, dirigen la atención y ayudan a crear significado pero también pueden inhibir, bloquear o desmotivar. Además, como sabemos, las emociones tienen una función adaptativa, pero también una función motivacional y social. Así, es importante no perder de vista la idea de que no todas las emociones placenteras fomentan el aprendizaje ni todas las no placenteras impiden el aprendizaje. Lo importante en este punto será cómo afrontamos las diferentes situaciones y las emociones que nos surgen.

En relación a la ansiedad, ésta puede ser entendida como una respuesta normal que nos será de gran ayuda en el aprendizaje o como una respuesta desadaptativa cuando se excede en intensidad, frecuencia y duración. Con el estrés ocurre algo similar, una cantidad adecuada puede resultar beneficiosa pero en exceso resulta perjudicial para la persona y la realización óptima de la tarea. En cuanto al estrés académico, éste muchas veces viene dado por la realidad del sistema educativo. Por ese motivo es tan importante tomarse las situaciones como retos y estar motivados, y para esto es fundamental aprender a gestionar las emociones adecuadamente.

Por último, en relación a la memoria, la ansiedad también puede jugar un doble papel. En situaciones de alta tensión existe mayor capacidad de recuerdo (porque ha sido significativo para nosotros) pero si el impacto es demasiado intenso puede haber un exceso de activación cerebral y se pueden producir efectos negativos sobre la memoria (anular un recuerdo o bloquearse).

A partir de lo anteriormente expuesto, vemos la importancia que adquiere poder controlar el estrés y la ansiedad durante los exámenes y también durante el proceso de estudio, para que no interfiera en la capacidad de aprendizaje ni a la hora de recordar lo estudiado.

Desde el Centro de Psicología Gabriela Paoli pensamos que dedicar un tiempo a aprender técnicas para preparar los exámenes y controlar la ansiedad es esencial para conseguir el éxito académico.  A través de nuestros talleres de Técnicas de estudio podrás entrenar el manejo del estrés y la ansiedad en los momentos clave y conocer algunas estrategias para superar el miedo o el bloqueo en los exámenes.

¡Anímate a probarlos!

 

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