Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es el periodo comprendido entre los 10 y los 19 años. Es una etapa compleja de la vida, marca la transición de la infancia al estado adulto.

La adolescencia es un período de la vida que se caracteriza por cambios físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales.

Una de las características del cerebro es su plasticidad que permite que se establezcan miles de nuevas conexiones neuronales, modificando o eliminando otras. Como ya se conoce, en la infancia y también en la adolescencia se dan gran número de aprendizajes que se traducen en modificaciones a nivel cerebral. De esta manera podemos decir que en estas etapas de vida el cerebro tiene una gran plasticidad.

Neurocientíficos estudian la estructura del cerebro y sus funciones cerebrales.

Se suele decir que la adolescencia es una época complicada para los jóvenes y también para su entorno. Seguramente cuando pensamos en la etapa de la adolescencia pensamos en el gran número de cambios que se dan a nivel físico y también emocional. Pero no hay que olvidar que el cerebro adolescente tiene unas características especiales. Conocer dichas características nos puede ayudar a comprender mejor esta etapa de transición entre la niñez y la edad adulta.

A nivel madurativo el cerebro se desarrolla de manera gradual durante la infancia, al final de ésta llega a su tamaño máximo y para cuando llega la etapa de la adolescencia el cerebro está desarrollado ya, faltando la última fase conocida como la maduración.

En cuanto a las capacidades cognitivas, se siguen perfeccionando hasta los 20 años aproximadamente. La parte del cerebro encargada de la toma de decisiones se vuelve más compleja y se van mejorando las habilidades en esta área tan importante. También se van perfeccionando las capacidades de razonamiento y habilidades lingüísticas.

Otra área cerebral que tarda en madurar es la corteza prefrontal relacionada con la autoconciencia y con el proceso de creación de la propia identidad en el adolescente. El sistema límbico, también está en el mismo proceso. Éste implica a las emociones con más fuerza y empuja al adolescente a la búsqueda de nuevas experiencias.

El lóbulo pre-frontal es el encargado de realizar las funciones cognitivas de alto nivel como son: planificación y organización, control de los impulsos, análisis y juicio crítico, toma de decisiones, aprender de los errores, etc.

También madura el hipocampo y la amígdala, que consolidan la memoria individual y la afectividad. Se pasa así de la dependencia familiar a la independencia social tan necesaria para los adolescentes que buscan una identidad separada de su familia. La amígdala también se encarga de gestionar las emociones, por lo que no nos debe resultar extraño observar algunas conductas agresivas en los adolescentes.

Si diferenciamos estos cambios por sexo, se puede afirmar que en las chicas las regiones que dependen de la corteza frontal maduran antes, esta región procesa el lenguaje, el control del riesgo, la agresividad y la impulsividad. En cambio, en los chicos maduran antes las regiones del lóbulo inferior parietal, que tienen que ver con las tareas espaciales. Por tanto se podría decir que, por lo general, se podrían dar conductas más impulsivas en chicos que en chicas.

A nivel hormonal también podemos encontrar algunas diferencias que influyen en esta etapa. Las chicas, a causa de la dopamina y oxitocina son más sensibles a la aprobación, aceptación o rechazo de los demás y son para ellas muy importantes las relaciones sociales y agradar a los demás. Sin embargo en los chicos, que sufren un aumento de la testosterona, disminuye el interés por el contacto social, exceptuando deporte y sexo. Además la vasopresina incentiva la independencia y competitividad. Esto hace que los chicos asuman más riesgos.

Por tanto podemos concluir que en la adolescencia se dan gran número de cambios a nivel cerebral y hormonal que afectan directamente en el comportamiento de los jóvenes. Si como padres somos conscientes de dichos cambios, esto nos puede ayudar a comprender mejor a nuestros hijos, a relacionarnos y comunicarnos más efectivamente con ellos y también tener presente que tienen derecho a cometer errores y que, seguramente, aprenderán de ellos.

Experiencia de más de 18 años.

En el Centro de Psicología Gabriela Paoli disponemos del servicio de psicología infanto-juvenil que tiene como objetivo identificar los factores que originan el malestar en el niño/a o adolescente, ya sean internos o procedentes de su entorno, con el fin de poner en marcha estrategias funcionales, pautas y consejos para, de esta manera, mejorar el bienestar del niño/a o adolescente y su familia.

En función de la problemática que presente, se realiza una intervención directa con el niño/a o adolescente, a través de sesiones de trabajo terapéutico y/o de sesiones psicoeducativas, y también, se trabaja con los padres a través del asesoramiento para la búsqueda de soluciones y para que la intervención terapéutica y/o psicoeducativa resulte efectiva.

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