142 millones de espectadores en sus primeras 4 semanas de emisión. El juego del Calamar se ha convertido en el mejor estreno de la plataforma Netflix y ya es la serie más vista en 94 países. No está recomendaba para menores de 16 años, sin embargo, en las últimas semanas desde algunos colegios alertaban de que se había colado su contenido en los juegos de los niños en los patios. Analicemos qué ha ocurrido y qué podemos aprender de todo esto.

¿De qué trata “El Juego del Calamar”?

La serie surcoreana te cuenta la historia de un grupo de personas que están totalmente arruinadas y desesperadas cuando alguien les ofrece entrar en una serie de juegos donde pueden ganar un premio millonario. Una vez entran en este juego se dan cuenta de que no están solos, hay 456 personas como ellos luchando por el premio. El problema es que los que van fallando van siendo asesinados a sangre fría de manera violenta y explícita. Los que sobreviven van pasando al siguiente juego, hasta que lleguen al juego final. Por supuesto, la serie tiene mucha violencia física, pero también psicológica, es una macabra sátira al sistema capitalista y a lo largo de los episodios los protagonistas se enfrentarán a dilemas morales en los que casi siempre ganará el afán por conseguir el dinero.

¿A qué se debe su éxito?

Por un lado el argumento nos recuerda claramente a un videojuego (seguramente ya esté diseñado uno inspirado en la serie) El hecho de saber que se va pasando de nivel y la emoción de pensar que se juegan la vida. Por otro lado, los personajes tienen problemas familiares, económicos, de salud con los que es fácil sentirse identificado.
Además, la violencia explícita tiene un componente adictivo, en tanto en cuanto genera una fuerte emoción y como cualquier sustancia o contenido que nos genera emociones fuertes es susceptible de volverse adictivo.
Y por último y quizás algo importante a tener en cuenta en este caso, es que está ambientada en lugares infantiles, lugares de juego de niños, como patios o habitaciones con un ambiente de infancia. Además, los juegos a los que se enfrentan los protagonistas a vida o muerte también son juegos populares que conoce todo el mundo y que nos recuerdan a nuestra niñez. Todo esto hace que la situación sea aun más macabra y nos sensibilice más.

¿Por qué ha saltado la polémica?

Lo que ha ocurrido es que en algunos colegios se alertó de escuchar y ver a niños y adolescentes jugar a los juegos que se desarrollan en la serie.
En algunos casos simplemente se jugaba a los juegos sin el componente violento de la serie, pero en otros, se estaban recreando el juego «Luz roja, luz verde», el primero que sale en la serie, en la que los jugadores tienen que moverse sin que una gigante muñeca les vea, tipo el escondite inglés, con la diferencia de que en la serie si te ven moverte te asesinan a tiros. En la versión de algunos patios de colegio, el perdedor es golpeado por otros compañeros.

Ante esta ola de juegos que nada tienen que ver con los valores que debemos transmitir a niños y adolescentes la polémica se ha servido:
¿Todos estos niños han visto la serie? Evidentemente no. Por un lado me parece injusto que toda la responsabilidad recaiga en las familias. Por supuesto, tienen su parte pero no toda. Netflix ha advertido que la serie no pueden verla menores de 16 años, pero está claro que esto en muchos hogares no es suficiente. Por otro lado, no podemos ser tan ingenuos para pensar que la única manera de acceder a este contenido es a través de Netflix. Cuando una serie o un videojuego se hace mundialmente popular, ese contenido circula por todas partes, quizás no la serie completa, pero sí lo más escabroso. Hay quien imita escenas en youtube, tiktok o instagram, hay información por todas partes. .

No podemos ser tan ingenuos para pensar que la única manera de acceder a este contenido es a través de Netflix

En niños menores de 11 años , ¿qué pasa si ya la han visto, sin nosotros saberlo?
Si no hemos podido evitar que la hayan visto debemos hacer dos cosas: la primera, reconocer que hemos tenido un fallo en el control del acceso a la información que ellos pueden consumir. Ponemos en marcha controles y configuramos dispositivos. Y la segunda, quizás la más importante, nos sentamos con tranquilidad a comentarla. Les pedimos qué nos cuenten que vio y que le pareció, qué personaje le gustó más y por qué. Es una gran oportunidad para hablar de temas como la amistad, la agresividad, la crueldad, o el hecho de que unas personas se aprovechen de otras para su beneficio, el hecho de que la vida de las personas que van muriendo se conviertan en dinero para los demás, la competitividad, la solidaridad, etc. Es decir, si ya la han visto y son demasiado pequeños, al menos que compartan lo que tienen dentro, sus ideas, y que sirva para que lo puedan digerir emocionalmente y para la reflexión.

Es importante tener en cuenta que los niños/as no tienen el suficiente desarrollo mental, emocional, psicológico como para ver estas imágenes y para comprender lo que ven. Es decir pueden causar mucho daño. De ahí la importancia de control y supervisar las películas, series, libros a los que tiene acceso, pero si hemos llegado tarde, no podemos mirar hacia otro lado, debemos afrontar la situación jugando, hablando y reflexionando con ellos.

Aquí tenemos que saber que hay unos mecanismos psicológicos que se ponen en marcha como son la imitación, la identificación, interiorización de ciertas conductas o modelos, normalizando conductas que nada tienen de normales ni de saludables.
No solo somos lo que comemos, sino también lo que consumimos.
Por lo tanto, en el caso de los adolescentes, que seguramente ya la han visto, yo diría que es un excelente disparador para el diálogo, la reflexión conjunta en casa. Y también es una oportunidad para el profesorado, en centros escolares.
Todos debemos remar en la misma dirección para hacer de esta sociedad un lugar mejor para nuestros jóvenes y niños que al fin y al cabo son nuestro futuro como especie.

No solo somos lo que comemos, sino también lo que consumimos

El Marketing de Netflix

Sería bueno reflexionar la gran campaña de marketing que ha llevado Netflix con esta serie. Noticias alarmantes, para que se hable de esta serie en todos los ámbitos. La industria audiovisual que hay detrás de esta serie se benefician de todo este revuelo, nos manipulan para que no haya nadie que no quiera verla, para no sentirse fuera d ella conversación de lo que está pasando en su entorno. Los valores y principios de estas plataformas deberían revisarse y adquirir una responsabilidad social real.

¿Qué podemos aprender de todo este fenómeno?

En mi opinión, de esta crisis, como de todas, podemos sacar valiosos aprendizajes:

  • El contenido que creamos, consumimos y compartimos los adultos no es inocuo para la sociedad en su conjunto. No seamos hipócritas, si has visto, comentado y compartido la serie en tu ámbito personal, no podemos pedir que nuestros niños y adolescentes estén aislados del mundo, lo que debemos hacer es educarles para que estén preparados para enfrentarse a ciertos contenidos que pueden caer en sus manos, para que antes de acceder a él nos lo comenten, elijan no verlo o hablar con nosotros de lo que han visto.
  • La actitud crítica y la reflexión son la única salida para conseguir educar en valores. Es adecuado prohibir en los colegios este tipo de juegos, incluso los disfraces que tengan que ver con la serie, pero no es suficiente. Si no les mostramos como tener una actitud crítica y reflexionamos junto a ellos sobre los dilemas morales y éticos que puede plantear una serie de este tipo o esos juegos que recrean en el patio de nada nos va a servir prohibir. Al contrario, se creará mas curiosidad y expectativas. Hagamos de ellos, futuros jóvenes y adultos responsables, con valores, solidarios, empáticos, sólo así podrán sobrevivir con éxito.
  • Para criar a un niño hace falta la tribu entera. Esta frase que me encanta se pone en estos momentos más de manifiesto que nunca. No se trata de culpar a los padres que han permitido o no se han dado cuenta de que sus hijos menores veían la serie. Todos tenemos que aportar nuestra parte, desde las grandes plataformas audiovisuales, pasando por profesores, orientadores, psicólogos, pediatras, y por supuesto las familias, y la sociedad.
  • El mejor control parental es tu compañía y complicidad. Por último, como siempre les digo a mis pacientes, tu compañía, tu ejemplo , tu complicidad es fundamental para una óptima salud mental en los niños y adolescentes. No podemos prohibir o controlar sin más, nos necesitan a su lado, para aprender a reflexionar y a cuestionar todo lo que llegue a ellos.

Veamos esta polémica como un excelente disparador para el diálogo y la reflexión conjunta en casa

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