La psicología es una ciencia y es sinónimos de investigación, rigor y evidencia científica. El psicólogo tiene una formación, las herramientas y las técnicas para realizar evaluación, diagnóstico y tratamiento.

Hay unos principios fundamentales en los que ha de sustentarse el tratamiento psicológico siempre en busca del equilibrio y el bienestar emocional del paciente que acude a consulta.

Si bien vamos avanzando y cambiando creencias, lamentablemente, aún hoy está muy interiorizada la visión social de que ir al psicólogo es sinónimo de sufrir algún trastorno grave. Esto es debido en gran parte a la historia de la evolución de la psicología como ciencia, a un desconocimiento de nuestra labor, a la idea arraigada que une el paso del tiempo a la solución “mágica” de los problemas, etc.

La psicología cotidiana aporta multitud de técnicas y estrategias para desarrollar nuestros recursos personales.

El bienestar emocional está muy ligado a la salud física y psíquica, y dentro de esta, se engloban aspectos como: auto-aceptación, aprender a gestionar adecuadamente nuestras emociones, controlar el estrés, mejorar nuestras relaciones y nuestro estilo de vida.

Partiendo de que cada persona es única y cada momento también, es necesario realizar una buena valoración individualizada y un tratamiento ajustado para cada persona y a cada situación.

Nuestra intervención y tratamientos deben estar basados en evidencias científicas. Hoy en día hay mucha investigación sobre el bienestar emocional, se trata de utilizar técnicas y estrategias de intervención, que estén debidamente probadas. No existen recetas milagrosas, y siempre hay que estar atentos con el intrusismo. Trabajar el bienestar emocional y mejorar nuestro estilo de vida consiste en algo mucho más profundo que pintar de colores alegres las paredes de tu casa, sonreir falsamente, escribir con emoticonos, o compartir fotos en las redes sociales de una bonita puesta de sol.

La base de una buena intervención terapéutica consistiría en: evaluar y comprender  la problemática del paciente, reconocer sus recursos y ofrecer pautas y estrategias adaptadas a cada paciente, con el fin de que sea el/ella quien provoque el cambio y como consecuencia, encuentre su verdadero bienestar.

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