El miedo es una de las llamadas emociones primarias. Ha sido el elemento básico que nos ha mantenido vivos y ha permitido que la especie se desarrolle hasta nuestros tiempos, nos ayuda a sobrevivir. Es imposible no tener la preparación biológica del miedo; además, se tendrían muy pocas probabilidades de supervivencia en caso de que así fuese.

Es una forma de conocer el mundo, siempre y cuando no alcance un grado incapacitante y patológico. Es una reacción ante un peligro que puede ser real o imaginado. Sólo con visualizar una situación de peligro, nuestra mente puede desencadenar la reacción de miedo para protegernos y ponernos a salvo.

Los miedos patológicos se caracterizan porque nos desorganizan a nivel de pensamiento, de relaciones con los demás y de nuestras posibilidades de desarrollo.

Nacemos con ciertos miedos heredados, por el ejemplo: el miedo a la oscuridad, a las alturas, a fuertes ruidos, a estar solos, etc. que nos ayudan a garantizar nuestra supervivencia.

 

Un ejemplo para reflexionar…

Imagina que eres un niño de 10 u 11 años, estás en casa haciendo los deberes y tu madre va a salir un momento a comprar el pan a la calle de al lado. Te dice que esperes haciendo tu tarea porque no tardará ni 5 minutos en volver, pero automáticamente se despierta en ti la respuesta automática y biológica de miedo, empiezas a pensar que mientras tu madre está fuera, puede entrar a alguien y hacerte daño, o robar cosas de valor ante ti, sin que puedas hacer nada. Aparecen los síntomas físicos de huida y la necesidad de dejar lo que estás haciendo para acompañar a tu madre y no enfrentarte al posible peligro. Pero ¿qué pasaría si no existiese esa respuesta automática de miedo que nos pone en alerta? Si no tuviésemos esa alarma que nos avisa de que algo puede pasar, nos pondríamos en riesgo de forma innecesaria. Esa alarma puede ayudarnos a tomar algunas precauciones y estar más atento, por ejemplo, cerrar la puerta con llave al quedarnos solos en casa, no abrir a desconocidos, etc.

El miedo, ¿amigo o enemigo?

Si utilizamos el miedo como un amigo-señal que vela por nuestra seguridad, podremos interpretar las sensaciones de malestar como mensajes a los que nuestro amigo quiere que prestemos atención para mantenernos a salvo.

¿Cómo actuarías tú si quisieras cuidar y proteger a una persona que quieres? Probablemente te comportarías como el miedo, avisando de los posibles peligros e intentando que se proteja de ellos. Entonces, ¿podemos decir que el miedo es nuestro enemigo? ¿Es tan malo como pensamos o solo se trata de aprender a aliarnos con él?

¡Utiliza el miedo inteligentemente, como señal para protegerte y estar alerta, no para que te bloquee o paralice!

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