Vivimos en la época de la distracción, recibimos continuamente inputs y estamos rodeados de ladrones del tiempo. Todo ello hace cada vez más difícil ser productivos, concentrarnos, etc. pero también hace que sintamos que tenemos que estar continuamente activos, distraídos. En esta realidad, juega un papel protagonista las tecnologías: muchas personas no se desconectan nunca. Ni si quiera cuando conversan con un amigo o toman el sol en la playa. El móvil se ha convertido en una extensión del cuerpo y es muy raro que estemos simplemente descansando, sin hacer nada, siempre aprovechamos para mirar las últimas noticias de nuestra red social favorita o contestamos algún whatsapp, etc. El 38% de las personas pasan ya la misma cantidad de tiempo conectadas al móvil que interactuando directamente con personas, según un informe de la Sociedad Digital en España.

Esta hiperconectividad o necesidad imperiosa de estar siempre conectados a través de diferentes dispositivos es un fenómeno creciente con consecuencias preocupantes sobre nuestra salud y bienestar.
Nos hemos acostumbrado a llenar la agenda de cosas que hacer, hasta el punto de sentirnos agobiados o culpables por tener dos horas libres y pensamos que es “mejor aprovecharlas” haciendo algo que creemos “productivo” o de ocio digital.
Estamos demasiado volcados en hacer y muy poco en el SER. Necesitamos constantemente hacer porque nos identificamos con lo que hacemos, d emodo que si no hacemos tenemos la sensación de no ser.
Según la neurociencias , cuando “hacemos” estamos usando el hemisferio izquierdo del cerebro, no ayuda a ser ejecutivos y productovos. El hemisferio derecho es el que nos permite tomar conciencia de lo que estamos haciendo y ser más creativos. Cuando paramos y simplemente somos, el cerebro se limpia, se oxigena y rebrota la creatividad. Lo ideal, por supuesto, es encontrar el equilibrio entre ambos modos: el ser y el hacer.

“Nos hemos acostumbrado a llenar la agenda de cosas que hacer, hasta el punto de sentirnos agobiados o culpables por tener dos horas libres”

Cronopatía

La cronopatía, nombre que deriva del dios del tiempo, Cronos, y el sufijo patía (enfermedad, condición), hace referencia a la obsesión por el tiempo y la dificultad para detenerse, inclusive ante el agotamiento.

La psiquiatra Marian Rojas Estapé en su libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas” reflexiona sobre este tema. “Si alguien comenta: no tengo tiempo… tengo prisa… estoy muy liadolo asimilamos como normal y correcto. En cambio, cuando alguien dice que le sobra tiempo, uno se sorprende y juzga negativamente a la persona que tiene enfrente”

Seguro que os suena esta situación y esa obsesión por aprovechar cada minuto siendo productivos. Muchos nos preocupamos demasiado por aprovechar al máximo nuestro tiempo y hacemos hasta lo imposible para conservar el récord personal de días productivos.

¿Cuáles son los PSICOBENEFICIOS de no hacer nada?

  1. La mente se oxigena y se calma: El cerebro necesita esos descansos, se activan zonas que no lo harían de otra manera. Sobre todo zonas del cerebro relacionadas con la imaginación, tan necesaria para tu salud mental
  2. Tenemos mayor predisposición a conectar con nosotros mismos y con los demás. En esta misma línea, el no hacer nada consigue que conectemos con nosotros mismos, con nuestras emociones y seamos más capaces de reconocerlas, de ser conscientes de nuestra propia manera de ser. Esto conlleva un mayor conocimiento de los demás y por lo tanto una mayor conexión con las personas que nos rodea: pareja, hijos, familia.
  3. Aumenta la creatividad. El no estar sujetos a la rutina, a los quehaceres diarios y no recibir inputs de ningún tipo que te indiquen qué tienes qué pensar o sentir, nuestra creatividad fluye de una manera más libre. Por eso, tener momentos de no hacer nada, nos ayuda a tener buenas ideas y a encontrar soluciones creativas a problemas que creíamos insalvables.
  4. Fomenta la introspección, el pensamiento crítico y la reflexión. Importantísimos para nuestro bienestar, ser capaces de reflexionar de una manera crítica sobre nuestra realidad y así poder tomar buenas decisiones hacia nuestros objetivos. Estar con nosotros mismos es primordial para la felicidad.
  5. Nos proporciona sensación de control sobre nuestra vida y da sentido a nuestras acciones. Dejar atrás esa sensación de “el tiempo vuela”, arrojar fuera de nuestro día a día la frase “no me da la vida”. Tener un tiempo para no hacer nada, nos proporciona la sensación real de que el tiempo es algo que controlamos nosotros y no al revés. Nosotros somos los que le damos sentido al tiempo y podemos decidir qué hacer y qué dejar de hacer.

: Tener un tiempo para no hacer nada, nos proporciona la sensación real de que el tiempo es algo que controlamos nosotros y no al revés

¿Y los niños? ¿También es bueno que estén sin nada que hacer?

A las madres y padres les agobia a veces que sus hijos se aburran. Les llenan la vida de actividades extraescolares  y domésticas. Incluso, llega el fin de semana y se creen en la obligación de llenar su tiempo con actividades muy interesantes, citas, lugares que visitar. No quieren que tengan días de no hacer nada porque les parece negativo para ellos. Sin embargo, es maravilloso que los niños y niñas y adolescentes  se aburran pues es en esos momentos, como hemos visto en los que desarrollan su espíritu crítico y su libertad creativa.  Les estamos metiendo en nuestra rueda de hámster en la que debemos hacer y hacer y no nos paramos a SER.

Recuerda por tanto que el aburrimiento es un excelente antídoto contra el tecnoestrés y que es importante aburrirnos, no hacer nada para crear la vida que tú quieres y tener una buena salud física, mental y digital.

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